Su nombre es Yeshua o Yahshua

Los nombres en La Biblia tienen una importancia muy especial.  Significan más que una nomenclatura lingüística, son la revelación del carácter, autoridad y misión en la vida encomendada a la persona que lleva ese nombre específico que le ha sido dado.  En nuestra civilización “el nombre” es básicamente la manera como nos identificamos unos de otros, PERO EN LAS ESCRITURAS “EL NOMBRE” ES MUCHO MÁS QUE IDENTIFICACIÓN; INDICA LA NATURALEZA ÍNTIMA DE UNA PERSONA, LO QUE DEFINE ESPECÍFICAMENTE SU ESENCIALIDAD, SU ADN ESPIRITUAL.

El nombre que El Eterno puso a Avram o el nombre dado a Yaakov (Jacob), o el nombre dado a Kefa (Pedro), o el nombre dado a Yeshua, indican algo mucho más profundo que simplemente identificación.  Muestra destino, propósito, naturaleza íntima, función profética.  Por ejemplo: El Eterno le cambió el nombre a Avram por Avraham, a Saraí por Sarah, a Yaakov por Israel, y así sucesivamente.  Cada vez que El Eterno cambió el nombre de alguien, significó una gran crisis existencial en esa persona para la cual su vida fue comisionada, encaminada y ungida para cumplir un rol profético específico, escondido en el significado particular del nombre dado.  ASÍ PASÓ EN LAS ESCRITURAS, EL NOMBRE DEFINE EL CARÁCTER, LA NATURALEZA Y LA MISIÓN PROFÉTICA ASIGNADA A UNA PERSONA.

Por otro lado, hay hombres que son enviados a este mundo con una misión profética única que se define en el nombre dado antes de su nacimiento.  Por ejemplo: a Yohanán Ben Zekaryah (Zacarías), conocido como “Juan El Bautista”, YHVH nuestro Elohim, le puso el nombre antes de nacer; incluso, antes de ser concebido.  “Pero El Malaj (El Ángel, El Mensajero), le dijo: “No temas Zekaryah, porque fue oída tu oración y tu mujer Elisheva (Elizabeth) te dará a luz un hijo y llamarás su nombre Yohanán (Juan)”. Hilel (Lucas) 1:13. Versión Hebraica del Código Real.

En el caso de Yeshua (pronúnciese Ieshúa), es el nombre propio, en hebreo, del Mashiaj (El Ungido). Así fue dado por el maláj (ángel) que anunció su nacimiento y está escrito en la traducción de Las Escrituras con La Raíz Hebrea.

En Hilel (Lucas) 1:26-35, Versión Hebraica del Código Real, leemos: Al sexto mes, el maláj Gavri’el (el ángel Gabriel) fue enviado por Dios, a una ciudad de la Galil (Galilea), cuyo nombre era Netzeret, a una almáh (doncella) judía dada en erusin (compromiso) a un varón judío cuyo nombre era Iosef, de La Casa de David; y el nombre de la almáh era Miriam. Y entrando donde la muchacha se encontraba, le dijo: “Shalom (Paz) a ti, escogida, YHVH está contigo”. Mas ella se turbó en gran manera por tan especial saludo y se preguntaba a sí misma qué clase de bendición sería esta. Pero el mensajero celestial le dijo: “No temas Miriam, porque hallaste gracia delante de Dios. He aquí concebirás en tu seno y darás a luz un hijo y llamarás su nombre Yeshua. Este será grande y llamado Ben Elión (Hijo del Altísimo) y Elohim le dará el trono deDavid, su padre; Y reinará  sobre la casa de Ya’akov por siglos y siglos y de su reino no habrá final”. Entonces Miriam le dijo al mensajero celestial: ¿Qué tendré que hacer para que esto se cumpla, pues no he tenido relaciones íntimas con varón? Y respondiendo el maláj le dijo: La Presencia Divina vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te rodeará de Su favor, por lo cual también el que se engendre en ti será apartado para el uso exclusivo del Eterno y será llamado Ben Elohim (Hijo de Elohim). 

Es una norma conocida por todos, que los nombres propios por regla general NO SE TRADUCEN, por respeto y consideración a la dignidad de la persona que lleva ese nombre y que podría ser distorsionado y corrompido cuando se intenta traducir a otra lengua. Si esto es así entre los hombres, ¿con cuanto más respeto y consideración no deberíamos traducir el nombre propio del  Rey Mashiaj?

Como hemos visto, en la cultura bíblica cuando El Eterno da un nombre específico a una persona, lo hace con la intención de anticipar su misión y oficio profético ligado a ese nombre. YESHUA es la forma contraída de Yehoshua, que significa “YHVH ES SALVACIÓN”. Un libro de Las Escrituras lleva precisamente el nombre “Yehoshua” que tristemente ha sido traducido como Josué, que no tiene nada que ver con YHVH, ni con la salvación. Yehoshua significa que es YHVH (Yah) quien salva, redime o conquista por medio del agente humano que lleva ese nombre y esa misión. Así pues, cuando Yehoshua ben Num conquistó la tierra de Israel, no fue Yehoshua, fue YHVH en él quien lo hizo porque era su agente, su brazo.

Así también sucedió con Yehoshua (Yeshua), El Mashiaj.  YHVH ESTABA EN ÉL reconciliando consigo al mundo como ImánuEL (ÉL con nosotros).  Leemos en Mattityahu (Mateo) 1:21-23, Versión Hebraica del Código Real:  “Ella dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Yeshua porque Él rescatará a su pueblo de sus pecados.  EL ETERNO DECIDIÓ QUE ESTO FUERA HECHO SIGUIENDO EL PLAN ANTICIPADO POR ÉL MISMO cuando dijo por medio del profeta (Ishaiahu/Isaías 7:14):  “He aquí que una muchacha virtuosa concebirá en su vientre y dará a luz u hijo y ella lo llamará Imánu-El”.  YHVH nuestro Elohim (El Juez Supremo), estaba con Yeshua reconciliando consigo al mundo.  Tristemente, cuando Yehoshua en su forma contraída, o sea Yeshua, fue traducido al griego como “Inoous” (I-e-s-ou-s) y luego castellanizado como “Jesús”, gramaticalmente perdió en la traducción, la riqueza y esencialidad redentora asociada con su Nombre.  Si pensamos entonces, no en Jesús, sino en Yehoshua, o en su forma abreviada, Yeshua, que es lo mismo, vemos que la persona a quien pusieron este nombre, está íntimamente ligada a la idea de ser el agente divino en “la salvación y liberación” del poder del pecado.  EN OTRAS PALABRAS, YHVH SALVARÁ DEL PECADO, DE SU PRESENCIA Y PODER, POR MEDIO DE SU SIERVO ESCOGIDO, A QUIEN PUSO POR NOMBRE YEHOSHUA (YESHUA).

En Ishaiahu (Isaías) 49:6, Versión Escrituras Unidad, leemos:  “Él dice:  Poca cosa es que seas mi siervo para levantar a las tribus de Iaakov (Jacob), y para hacer volver la simiente de Israel.  Además te pondré por Or (Luz) de las naciones, para que mi salvación sea hasta los confines de Aretz (la tierra).”

Cada vez que pronunciamos YESHUA, estamos confesando  siete bendiciones:

  • Primera: “YHVH salvó. YHVH libertó”.
  • Segunda: “YHVH salva. YHVH liberta”.
  • Tercera: “YHVH está salvando, está libertando”.
  • Cuarta: “YHVH continuará salvando, YHVH continuará libertando”.
  • Quinta: “YHVH salvará, YHVH libertará”.
  • Sexta: “YHVH me salva y me liberta”.
  • Séptima: “YHVH es salvación”.

Pero cuando se traduce este nombre todo eso cambia y se pierde. Esto es precisamente lo que ha sucedido cuando las versiones hispanas, en lugar de mantenerse fieles al nombre hebreo, lo han transliterado del griego de donde surgió “Jesús”. Ahora bien, estas cosas han sucedido por ignorancia, por tanto somos acogidos a misericordia. Si usando en ignorancia el nombre de “Jesús” han habido milagros extraordinarios:  ¿QUÉ SERÁ CUANDO EL PUEBLO DESCUBRA LA RIQUEZA PROFÉTICA Y REDENTORA ASOCIADA CON EL VERDADERO NOMBRE DEL MASHIAJ? 

Por supuesto, tenemos que cuidarnos de atribuir poder al nombre y no a la persona que lo lleva, porque en ese caso, estaríamos al borde de caer en la idolatría: Shemolatría, es decir, adoración gramatical del nombre. De hecho, en las Crónicas de los Apóstoles (Hechos) 19:13-17, Versión Hebraica del Código Real, se nos narra la historia de unos judíos, exorcistas ambulantes, que usaban el nombre hebreo (de nuestro Adon Yeshua HaMashiaj), en forma correcta, es decir GRAMATICALMENTE CORRECTA, para echar fuera demonios, así leemos:  “Pero algunos de los judíos, exorcistas ambulantes, intentaron invocar el nombre del Adon Yeshua sobre los que tenían espíritus malos, diciendo:  Os conjuro por Yeshua, el que predica Shaul.  Había siete hijos de un tal Exceva, judío, jefe de los sacerdotes, que hacían esto.  Pero respondiendo el espíritu malo, dijo:  A Yeshua conozco, y sé quién es Shaul; pero vosotros, ¿quienes sois?  Y el hombre en quien estaba el espíritu malo, saltando sobre ellos y dominándolos, pudo más que ellos, de tal manera que huyeron de aquella casa, desnudos y heridos. Y esto fue notorio a todos los que habitaban en Éfeso, así judíos como griegos; y tuvieron temor todos ellos, y el nombre del Adon Yeshua se iba engrandeciendo.”

Esto indica que el conocimiento del nombre sin la identificación  espiritual con la persona que lo lleva, no tiene mayor ventaja, excepto intelectualismo. Lo importante es que tengamos una relación íntima con El Eterno y con su Mashiaj, pero si a esto añadimos el conocimiento profético completo de sus nombres, entonces los resultados serán extraordinarios.  Leer Oseas 4:6.  POR OTRO LADO, CONOCER EL VERDADERO NOMBRE, PERO RECHAZAR SU USO, POR ORGULLO ESPIRITUAL O DENOMINACIONAL, TAMPOCO RESULTARÁ EN BENDICIÓN, PORQUE HA SIDO ESCRITO:  “PRELUDIO DE RUINA ES LA SOBERBIA, Y PRECURSOR DE CAÍDA LA ALTIVEZ DE ESPÍRITU.”  Mishlei (Proverbios) 16:18, Versión Escrituras Unidad.

Es debido a estas consideraciones, que en nuestra versión hebraica hemos mantenido la transliteración hebrea del nombre de nuestro justo Mashiaj en su forma abreviada, “YESHUA”, como cariñosamente le llamaban Sus Emisarios (Apóstoles).  Por supuesto, CADA UNA DE LAS LETRAS DE ESTE NOMBRE ES UN CÓDIGO PROFÉTICO que contiene riquezas espirituales extraordinarias, de las que trataremos en otro estudio.  NUESTRO MASHIAJ NUNCA OYÓ EN LOS DÍAS DE SU VIDA AQUÍ EN LA TIERRA, QUE ALGUIEN LE LLAMARA “JESÚS”; RECTIFICAR ESTO Y LLAMARLO POR SU VERDADERO NOMBRE  “YESHUA”  SERÍA DE SABIOS. 

¡VEN PRONTO ADON YESHUA!